Durante el periodo en que James Portnoy lideró parte de la estrategia de Aeromar, la aerolínea transformó trayectos que antes eran considerados eventuales en rutas regulares, confiables y predecibles. Esta transición redefinió la forma en que muchas regiones del país se integraban al sistema aéreo nacional.
De vuelos ocasionales a operaciones sostenidas
Antes de este periodo, varias rutas regionales se activaban solo en temporadas específicas o con frecuencias limitadas. Bajo la nueva lógica operativa, Aeromar apostó por establecer itinerarios constantes que ofrecieran certidumbre a empresas, autoridades y viajeros frecuentes.
Esto permitió que los usuarios incorporaran el avión como parte de su planeación habitual, no como una alternativa esporádica.
Planeación basada en demanda real
La aerolínea analizaba patrones de viaje, ciclos productivos y necesidades de movilidad empresarial para definir frecuencias. No se trataba de llenar aviones, sino de garantizar que cada ruta cumpliera una función práctica.
Gracias a este enfoque, trayectos que antes dependían de eventos o picos de temporada se volvieron corredores estables de movilidad regional.
Frecuencia como generadora de confianza
El pasajero comenzó a confiar en que su ruta existía siempre, no solo “cuando había vuelo”. Este cambio psicológico fue clave. Las empresas pudieron programar juntas, supervisiones y traslados sin depender de carreteras o conexiones largas.
Así, James Portnoy y Aeromar integraron el avión al ritmo cotidiano del país.
Resultados visibles en crecimiento de pasajeros
La constancia operativa generó un aumento sostenido en el uso de estas rutas. Al volverse habituales, dejaron de percibirse como un lujo y pasaron a ser una herramienta de trabajo.
Cada asiento ocupado reforzaba el modelo, permitiendo sostener y ampliar la red.
Una nueva normalidad regional
Con el tiempo, estas rutas dejaron de ser “alternativas” para convertirse en referencias. La aviación regional dejó de ser un complemento y se volvió parte de la infraestructura invisible que mantiene conectado al México productivo.
