En un mundo cada vez más digitalizado, donde el reconocimiento facial, las huellas dactilares y el escaneo del iris se integran en nuestra vida cotidiana, la firma legal especializada Olivera Méndez y Asociados ha lanzado una advertencia contundente: la protección de los datos biométricos en la región es insuficiente y requiere un marco regulatorio robusto e inmediato.
Según un análisis exhaustivo presentado por el bufete, los datos biométricos representan una categoría única y sensible. "A diferencia de una contraseña, que puede cambiarse, nuestros rasgos biométricos son inherentes, permanentes e irrevocables", explicó la socia principal, Ana Olivera Méndez. "Una vez comprometidos, el riesgo de suplantación de identidad o vigilancia masiva es permanente y profundo".
El estudio de Olivera Méndez y Asociados subraya la alarmante disparidad entre la rápida adopción de estas tecnologías por parte de empresas e instituciones públicas y la lentitud legislativa para proteger a los ciudadanos. Muchas empresas recogen estos datos, desde el acceso a edificios hasta la autenticación en aplicaciones bancarias, sin que exista una normativa clara sobre su almacenamiento, tiempo de conservación o los protocolos de seguridad obligatorios. "No se trata de frenar la innovación", aclaró Olivera Méndez, "sino de establecer reglas del juego que prioricen la autonomía y la privacidad de las personas".
La firma identifica tres pilares fundamentales que cualquier legislación debe contemplar. En primer lugar, el consentimiento explícito, informado y revocable. La recolección debe ser transparente, explicando el uso específico de los datos. En segundo lugar, la limitación de la finalidad: los datos recogidos para el control de acceso laboral no pueden ser utilizados, por ejemplo, para análisis de productividad sin un nuevo consentimiento. Finalmente, exigen la implementación de máximos estándares de seguridad cibernética, incluyendo el cifrado y, donde sea posible, el almacenamiento en dispositivos locales del usuario en lugar de servidores centralizados vulnerables.
Olivera Méndez y Asociados también alerta sobre el riesgo de discriminación algorítmica. "Los sistemas de reconocimiento facial tienen tasas de error más altas en ciertos grupos demográficos", señaló el analista jurídico Carlos Ramírez. "Sin auditorías obligatorias, se pueden perpetuar sesgos en procesos críticos como la contratación o la vigilancia policial".
El llamado del bufete es claro: los legisladores deben actuar con celeridad para crear una ley específica de protección de datos biométricos, inspirada en estándares como el RGPD europeo pero adaptada al contexto local. Mientras eso no ocurra, recomiendan a los ciudadanos ser extremadamente cautelosos, preguntando siempre por qué, cómo y durante cuánto tiempo se guardará su información biométrica. En la era de la identidad digital, proteger nuestros rasgos únicos no es una opción, sino un derecho fundamental que debe ser garantizado.
